“En 22 hojas encontré mi cuento”.

By Posted in - Ciudad & Zona C Norte on junio 6th, 2016

Por Jaime Riascos Villegas (*),

Director de teatro y cuenta cuentos de vocación y oficio

Con la copa del brindis alzada y después de dar las palabras de agradecimiento por haber recibido mi título de Ingeniero Civil, de  la Universidad de los Andes, le anuncié a mi familia la decisión que había tomado. Les dije: ´No voy a ejercer de ingeniero, aunque ya tenga el título, definitivamente ese oficio no me hace feliz. A mis 26 años he descubierto que me apasiona escribir y leer. Voy estudiar literatura. Quiero ser escritor.´

La carta

Descubrí que quería ser artista un día que habría de cambiar mi vida para siempre. Y fue así: antes de graduarme como ingeniero me senté a escribirle, a un gran amigo, una carta que vino a ser mi caja de pandora. En ella quería desahogar mi desazón, mi angustia, mi confusión, pues en poco tiempo me graduaría de ingeniero y, definitivamente, no lo sentía como un paso hacia la felicidad. Eran las ocho de la noche cuando empecé a escribir, desde mi corazón, por primera vez en la vida. Pensé que dos páginas serían suficientes para descargar mi huracán, pero me conecté a algo maravilloso, muy adentro de mi ser. Cuando amaneció había escrito 22 páginas. Y lo mejor, el hecho de descender a mi biografía y a mis emociones, de buscar metáforas y palabras exactas para expresar mi angustia, ese proceso catártico y misterioso me había dejado con una paz interior, con una fuerza, con una energía, con una alegría novedosa, que nunca, nunca antes había sentido en la vida. En ese momento tuve una revelación y me dije con una resolución absoluta: ´Si escribir me produce esto tan maravilloso que siento en el alma, entonces voy escribir por el resto de mi vida´.

Esa decisión fue suficiente para desatar un incendio en mi familia. Nadie entendía qué me había pasado, nadie antes había visto mi vocación artística. Y aún menos el colegio en el que estudié. Podría asegurar que ni yo mismo lo sabía. Por un hecho del universo, a la vez maravilloso y simple, había encontrado mi amor por la palabra, por las historias, por las metáforas, y por la expresión artística y la ficción. La ingeniería me había enseñado los valores del mundo racional y científico. Ahora el arte me llamaba a empezar el camino de la expresión y la exploración interior. Hasta el momento había sido deportista con disciplina, caminante de montañas y nevados, y también había explorado con seriedad las enseñanzas del yoga. Sin embargo, nada hasta el momento nada me había producido tanta felicidad y tanta paz interior, como enfrentarme a una página en blanco con una necesidad terrible de expresarme a través del lenguaje y la ficción. Esa noche descubrí que tenía imaginación artística, y concluí que necesitaba desarrollarla si de verdad quería ser feliz.

El Cuenta Cuentos

En 1986 ingresé a la Universidad Javeriana de Bogotá a estudiar Literatura, y con algunos compañeros, apasionados por la palabra y el poder de los verbos, fundamos el Movimiento Colombiano de Cuentero. Así incorporé a mi vida el ejercicio de la palabra oral, de la palabra viva, de las miradas que te escuchan y viajan por los mundos que tú cuentas. Desde entonces mi vida ha sido un océano de alegría, motivada por el arte, y los artistas que me rodean. Hoy mi imaginación me permite ser escritor, cuenta cuentos, director de teatro, compositor musical. Trabajo en la Fundación Palabrarte y realizamos trabajos para agencias de publicidad, para la empresa privada, el gobierno, y viajamos por Latinoamérica con nuestras obras de teatro. Adoramos hacer teatro y contar cuentos, especialmente a los niños. Y estoy seguro que amando profundamente el trabajo se da un paso esencial para vivir una vida plena y feliz.

(*) Este texto se publicó en el Newsletter del Colegio Jefferson Marzo-Abril 2016