Ma Zhenghong y Alejandro González: salvados por el teatro.

By Posted in - Ciudad & Literatura & Teatro & Zona C - Centro Histórico & Zona C - Granada & Zona C - Lido, Santa Isabel, Camino Real & Zona C - Oeste & Zona C - San Antonio & Zona C - San Fernando & Zona C - Sur & Zona C Norte on noviembre 16th, 2016
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Ma Zhenghong y Alejandro González, en el Auditorio 4 – Sala de Teatro de la Universidad del Valle. Foto: Jhon Edward González.

Por Daniela Sánchez y Claudia Bedoya (*)

En medio de la penumbra del escenario se toman de las manos.

Ma Zhenghong y Alejandro González junto a su equipo de producción y su cuerpo actoral intentan calmar la tensión y la ansiedad que produce estar a diez minutos de salir a escena. Son las 6:50 p.m. Último día de la primera edición del Festival Internacional de Teatro de Cali.

Afuera, en el patio de Cali Teatro, un grupo de espectadores aguarda con ansias a que se abran las puertas… y no es para menos, desde las 5:00 p.m. empezaron a llegar a la sala, ubicada en el barrio San Antonio, para asegurar una entrada y ver una de las piezas más recientes del Laboratorio Escénico de Univalle: El Alférez IReal.

Tras año y medio de juicioso trabajo de adaptación y de creación de su propia versión de teatro; Ma y Alejandro, junto a su equipo de trabajo se dieron a la labor de traer a nuestros días la historia escrita por Eustaquio Palacios a la ciudad que la inspiró y que justo ahora vive la tragedia de no saber qué hacer con su patrimonio arquitectónico.

– “Listo muchachos. Ya saben, que fluya todo”, dice Alejandro a todo su equipo.

A su lado está Ma, codirectora de la obra y su compañera de vida. Esa misma jovencita de figura menuda a la que cautivó en Rusia cuando un día la saludó en chino. El próximo año cumplen 20 años de haber echado raíces en Cali.

Como padre de sus actores, a cada uno le ofrece las últimas recomendaciones antes de que la puerta de la sala de Cali Teatro se abra para la función de una obra 100 % caleña y que se presentó este año en el Festival Iberoamericano de Teatro.

Se abrazan los unos a los otros en un acto de amor.

– “Mucha calma. No me canten los textos. Actores, ¡a la celda!”, sentencia González y en un santiamén el escenario está despejado, todos se dirigen al camerino y a la zona de la consola de luces y sonido; y el público empieza a ingresar.

En la obra, la dramaturgia y la dirección son asumidas por Ma y Alejandro. Dos profesionales del teatro que a la hora de crear se complementan gracias a sus diferencias en el carácter y modo en el que aprecian el teatro.

Son hijos de una misma escuela: la Academia Teatral Rusa (Gitis), sin embargo, sus influencias teatrales son diferentes al igual que sus lugares de origen: Él de Bogotá y ella de Shanghái.

Fue a finales de los años 80’s y principios de los 90’s en la antigua Unión Soviética cuando se conocieron. Ma había tomado como decisión de vida, estudiar arte. Realizó los exámenes correspondientes para tener la oportunidad de acceder a los mejores centros de formación en China y fue aceptada para estudiar en la Academia de Teatro de Pekín. Su excelencia brilló prontamente y al año de haber ingresado tuvo la oportunidad de viajar a la Unión Soviética a seguir su formación.

Alejandro también había llegado para estudiar teatro gracias a una beca del Icetex. Y poco antes de conocer a Ma, con su mochila al hombro, tomó el tren siberiano y se fue a recorrer China, sin saber que a su regreso, el poco mandarín que había aprendido le serviría para llamar la atención de la nueva estudiante de la Gitis.

Por eso, no es extraño que durante los ensayos o en medio de reuniones en donde hay presentes otras personas, esta pareja de directores de teatro y esposos, empiecen a hablar en ruso en una especie de compinchería indescifrable para quienes desconocen el idioma.

En Rusia, además de teatro, aprendieron lo que es vivir en crisis.

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La maestra Ma Zhenghong durante el ensayo de El Alférez IReal.

“Vivimos la caída de la Unión Soviética, fue duro porque así tuviéramos dinero no teníamos qué comer. No había azúcar, ni arroz, ni pan o papel higiénico. No había lo básico. No había nada para comer, así usted tuviera dólares”, cuenta González.

Soportaron el temporal alrededor de dos años haciendo teatro porque reconocen que, gracias a este, pudieron seguir adelante con sus estudios.

“A nosotros nos salvó el teatro”, dice Ma.

“El teatro siguió abierto, iba la gente; y en las cafeterías de los teatros siempre había comida. Era algo muy raro, en los supermercados no había comida pero sí en el teatro. Además, hacíamos producciones para la televisión estatal y allá sí había opción de comer bien en una cafetería, así sobrevivimos”, relata Ma.

Cuenta Puche que durante ese momento estaba vinculado al teatro que dirigía su maestro Anatoli Vasiliev y al haber giras tenían la posibilidad de salir y ahí se hacía manejable la crisis. “Y en los teatros nos daban mercados a los empleados, era una caja con alimentos básicos y muchas veces se las teníamos que dar a las actrices que tenían hijos”.

Curiosamente, vivieron una época cultural de oro pues a Rusia llegaban las mejores compañías artísticas del momento. “Mientras se caía el Muro de Berlín y las noticias eran graves, uno estaba viendo obras del mejor teatro”, rememora Alejandro.

Cumplido su ciclo formativo, llegaron a Colombia para estructurar durante cuatro años la facultad de dirección teatral en Colombia en la Academia Superior de Artes de Bogotá y después Alejandro fue director de la Escuela Nacional de Arte Dramático.

Casado con Ma, paralelo a su trabajo en Bogotá, empezaron las colaboraciones esporádicas con el teatro caleño; sin embargo, esos encuentros con la capital del Valle hicieron que Ma se enamorara de la ciudad. Era lo más cercano a su amada Shanghái.

Aterrizaron en la Universidad del Valle al Departamento de Artes Escénicas para empezar a escribir una nueva historia… y lo hicieron con pie derecho: con ‘La gaviota’, lograron la Primera Beca de Creación que se entregó en el país y debutaron en el Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá.

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El actor caleño Romano Barney es Don Manuel Caicedo en ‘El Alférez Ireal’.

Y de manera paralela vinieron para renovar una escuela teatral. “Llegamos cuando este auditorio – el # 4 que hoy es conocido como Sala de Teatro de Univalle – tenía tres metros de fondo, no tenía aire acondicionado, no había condiciones de nada, pero nos adaptamos”, cuenta González.

Crearon lo que se conoció como Corporación Teatro del Valle para manejar los fondos de la Beca y otros recursos que garantizaran sus procesos creativos y de nuevo la crisis los tocó: la Universidad del Valle cerraba sus puertas.

“Fue un año de crisis con cese de pagos, no había estudiantes, no había nada. Durante ese tiempo tuvimos a nuestra hija, Antonia – una jovencita de 18 años que hoy estudia en París- y montamos ‘Días impares’. Ensayábamos a escondidas mientras otros marchaban. Además perdimos los recursos de la Corporación Teatro de Valle. Eso fue duro”.

Recurrieron a los ahorros, la vida austera y vivir a plenitud la llegada de su hija.

Superado el impasse volvieron a crear piezas que se han ganado un lugar en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá como ‘El astrólogo fingido’, ‘El condenado por desconfiado’, ‘Fausto’, ‘El Tío Ivam’, ‘Schelemiel’, ‘Égloga de Plácida y Vitoriano’, ‘El coloquio de los perros’ y ‘El Alférez IReal’.

– “Gian, ¿Tú vas a salir con ese palo de escoba a la escena? ¿Dónde está el que vas a utilizar?”, replica Ma desde la mitad de la sala en Cali Teatro durante el ensayo del Alférez IReal.

Desde una silla de la sala, como si fuera una espectadora más, supervisa durante el ensayo uno a uno los movimientos de sus actores y los detalles que entra a escena.

– “¿Qué pasa con esa caja? ¿Por qué está abierta? Hay que arreglarla”, dice mientras se dispone a subirse al escenario a corregirla y dejarla apta para la escena.

Y es que a “la maestra” como le dicen sus estudiantes, no se le escapa el menor detalle.

Jimmy Luna, alumno de Ma y productor, asegura que ella es muy detallista. “Es una observadora maravillosa. Es muy concreta con todas sus cosas, trabajar con ella es un reto, te exige estar un paso delante de ella porque cuando te pregunta, asume que ya haz hecho la labor que corresponde”.

Agrega que tiene “un ojo muy agudo” porque “observa muy bien a sus estudiantes, tiene la capacidad de ver cuáles son las destrezas de cada uno”; y en ese sentido, cuenta Luna, Ma de alguna manera lo ha orientado a él para hacer la producción.

Reconoce también que entre los maestros, cuando hay una labor de dirección conjunta, se aprecian los estilos. “Hay una permanente retroalimetación, a veces se confrontan, otras están de acuerdo, pero hay mucho respeto. Sucede que cuando ya está lista la obra el maestro Alejandro le puede decir a la maestra ‘¿Puedo experimentar con esto?’ Ese respeto hace que sus obras se logren muy bien, hay demasiado profesionalismo en el momento de la creación”.

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Alejandro González comparte con Ma la dirección y dramaturgia de muchas de las obras del Laboratorio Escénico de Univalle.

Otro de los pupilos del Laboratorio Escénico, Gian Carlo Montoya asegura que es una pareja de contrastes. “Ma es exigente, es una mujer que tiene arraigada la disciplina, eso la hace diferente. Además es talentosa en la parte de dirección, es una buena actriz y cantante. Tiene en sus venas el arte”.

Mientras que Alejandro es un tiquete a lo impredecible. “Todo el mundo le tiene miedo a esa presencia de Alejandro y uno sabe que en un momento puede salir con cualquier exigencia, divertida o sufrida. Recuerdo que en la prueba de admisión, entré con una compañera a hacer una escena; y a él se le ocurrió que hiciéramos café con leche. Eso nunca se me olvida”.

Sus estilos han creado un sello particular en su trabajo que es reconocido por otros directores de teatro de la ciudad como Orlando Cajamarca.

“Ma y Alejandro son una pareja de teatro que han hecho un aporte importante al teatro de la ciudad. Ellos tienen una rigurosidad que viene de su formación y se lo imprimieron a la escuela y eso ha sido fundamental para el desarrollo de ese proyecto académico”.

(*) Daniela Sánchez es estudiante de derecho en la Universidad Libre. Invitada como investigadora y autora de textos al proyecto periodístico Arte y Parte.

Claudia Bedoya es magíster en periodismo de la Universidad Icesi, reportera del diario El País, investigadora del proyecto periodístico Arte y Parte.
 
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